La educación para una nueva cultura

El agua que tomamos ya no sabemos si está contaminado o no, si es potable. No sabemos que comida realmente estamos comiendo. Tiene forma de manzana, gusto de naranja y color de banana. Eso me hablaba una señora en un autobús. Cada vez más se modifica la genética de nuestras comidas para que resistan por más tiempo a los cambios en los suelos, a los cambios del medio físico, biológico, natural. Medios que estamos cambiando de manera más que rápida. El cambio, a esta escala temporal, puede que no tenga como deshacerlo. Estamos entrando en una nueva era de extinción masiva de especies, de biodiversidad. Una sexta extinción, muy diferente de las anteriores, donde las causas no fueron antropogénicas sino que naturales.

El conocimiento y su fuente están cada vez más asequibles de forma gratuita y desde cualquier rincón del mundo. La internet, las redes sociales, los blogs, son las tecnologías de información de nuestra realidad. Son estos canales de divulgación, de comunicación donde se generan más debates, más discusiones, que despiertan más interés de las personas por diversos temas. Muchas veces la información que es transmitida en la televisión o en la radio, o mismo en los periódicos son pre-seleccionadas, modificadas, alteradas, adaptadas para que generen menos conflictos, menos pánico, más alienación a las políticas y a los modelos económicos actuales. El miedo al cambio, a empezar a modificar algo que nunca fue tocado, muchas veces se transmite por estos canales de comunicación, pasando imágenes equivocadas de algunos acontecimientos. Pero, lo más interesante, es que gran parte de la población se está dando cuenta de que falta transparencia, falta divulgación de la información verdadera. Los Wikileaks, por ejemplo, trabajan para que mucha información oculta del ámbito político y económico sea publicada a todos con la máxima transparencia. Con el boom de las redes sociales, la información pasó a ser de fácil acceso y muy fácil de cambiar. Eso representa un peligro para el avance de la sociedad. Pero, desde otra perspectiva, el caos es más que necesario para obtener un nuevo orden. Las guerras, los períodos de luchas, de conflictos, de discusiones, son necesarios en la historia humana para que después de este período de tempestad, de tormentas, venga la tranquilidad y el orden.

Me acuerdo que mientras caminaba por los pasillos de los pabellones de Riocentro, oía diferentes opiniones sobre nuestra situación actual educacional, sobre el caos en que nos encontramos, sobre la inestabilidad, fragilidad y imprevisibilidad que vivimos con la política y la economía, con el cambio en el medio ambiente, con el cambio de la sociedad. Eran diferentes nacionalidades, africana, brasileña, catalana, americana, australiana, japonesa, peruana, china, y todos en sus comentarios siempre hacían referencia, de una forma o de otra, a una frase corta y de peso: Hemos de cambiar.

Otro consenso que noté que rodeaba las salas de discusiones, las sesiones de diálogos, los tiempos de café, las conversas en los sofás, era el cómo deberemos actuar. Cada uno buscaba su manera de cómo actuar, de hacer el cambio, de progresar, de avanzar, de evolucionar. Muchas de las reflexiones quedaban solo en palabras, otras en escritos, otras en discursos, otras en pensamientos. Las conclusiones a tantos problemas y a tamaña necesidad de cambio global son muy difíciles de lograr. Son complicadas, exigen mucho labor, muchos análisis cuantitativos y cualitativos. La complejidad asusta, no encoraja. La clave está en ver esta complejidad de otra perspectiva. Verla como un objetivo a ser superado por todos de forma conjunta. Los problemas globales, que necesitan cambios globales han de ser tratados de forma global y, débese actuar de forma global. Hay una palabra que escuché algunas veces en Rio, principalmente durante los eventos sobre gobernanzas locales, que es la “glocal”, pensando en ámbito global y actuando en el local. En realidad el global nada más es que el resultado de múltiples locales. Para que un resultado sea global hemos de trabajar exhaustivamente el local. Es éste el más próximo de las personas, el más cercado a todos y que da la posibilidad a cada uno de los más de 7 mil millones de personas en el planeta de actuar. Hay que trabajar con las personas, que representan el gran potencial de cambio. Una de las herramientas más eficientes de trabajo es la educación. Generar una nueva cultura a través de la educación. La transmisión, el compartir de conocimiento es la clave para el avance de una sociedad más respetuosa con el medio ambiente y consigo mismo. Es un trabajo arduo, que exige constancia, persistencia, compromiso, voluntad, iniciativa y interés. La cultura, los nuevos hábitos, los cambios de costumbre serán los resultados que debemos alcanzar en un curto espacio de tiempo. Como mencionado antes, la actuación ha de ser en grupo. Las iniciativas locales deben ser mejor reconocidas, subsidiadas y divulgadas. Hay muchas actualmente, solo falta dar la debida atención a ellas. Las herramientas y los atores para hacer realidad el cambio ya tenemos, solo hace falta mirar hacia los lados. Es necesario cambiar de perspectiva, tener una otra mirada, abrir los ojos, no tener miedo de reconocer la realidad y de enfrentarla. Todos estamos viviendo los mismo cambios planetarios, a diferentes escalas, pero aun estamos todos en el mismo planeta. Y los cambios globales se sienten en cualquier rincón del mundo.

Es esencial sacar provecho de lo que ya tenemos, de lo que ya hemos conquistado como sociedad hasta ahora, como el conocimiento, las tecnologías de información y la ciencia para cambiar nuestra realidad. Hay que encorajar los líderes, los que tienen iniciativas para que éstos puedan organizar, planificar y actuar con grandes grupos de personas. Tener la educación como principal medio de actuación y tener en cuenta la cultura de las diferentes generaciones y nacionalidades para crear una nueva cultura global, unificada sobre el respecto con el medio ambiente, el consumo responsable de los recursos naturales (entre ellos los energéticos), la conservación de la biodiversidad y de los océanos, la erradicación de la pobreza, el derecho universal al agua y su saneamiento, y la promoción de nuevas ocupaciones de trabajo.

Cuando nos enseñan las cosas, visualmente, cuando visitamos los lugares, los ambientes, percibimos mejor la situación en la que nos encontramos, el nivel de la problemática que estamos causando y que hay que resolver. El contacto cercano con el ambiente, te hace sentir, te hace reflexionar, parar y pensar. Muchas veces solo creemos en lo que vemos. Es necesario llevar a las personas a los lugares, promover visitas guiadas, con explicaciones, gratuitas y promovidas por el gobierno. La explicación no ha de ser dada por cualquier uno, sino por expertos, por personas que ya viven a tiempo en estos ambientes. Explicaciones científicas, con bases sólidas de conocimiento y explicaciones personales sobre otras perspectivas del lugar, del hábitat que la ciencia no valora, o no valora con la debida importancia.

El cambio es eminente, está tocando nuestras puertas y ventanas de casa. Muchos no se han dado cuenta de ésta nueva realidad, de este cambio radical de estilo de vida que se aproxima, puesto que a muchos, no les faltan agua, energía y comida. Pero cuando uno de estos pilares del bien estar de una persona tiemble, se desestabilice, o mismo se rompa, entonces ya no hay equilibrio. Ésta es la situación que muchos están esperando llegar para empezar a actuar. Para que no sea necesario llegar a este punto, es primordial trabajar con la educación, con la cultura, con las personas.

Artículo de Opinión por Cinthia Pereira Rosa

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